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El Milagro de Mateo

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Nuestras vidas cambiaron completamente el 21 de noviembre 2013. Aquel jueves frío y lluvioso recibimos la noticia más esperada, había nacido nuestro hijo. Había llegado el niño tan deseado por el cual orábamos. Sólo 48 horas más tarde, el precioso bebito con pequeñitas manos, piel suave, y hermosos ojos grandes estaba en nuestros brazos. ¡Cuanto amor sentimos por él desde el primer instante que lo cargamos y lo abrazamos! No hay palabras para describir ese momento de dicha tan solemne y bendecido. Nuestros corazones se enternecieron ante el precioso milagrito. Buscamos un nombre para él con un significado especial para sumar esta gran historia de amor. Lo nombramos, Mateo: “Regalo de Dios”. 

Por nueve años mi esposo y yo, oramos por un hijo. Con mucha fe le pedíamos al Señor el privilegio de ser padres. Nos ilusionaba mucho el poder realizar tan sublime tarea encomendada a la familia. Mientras elevábamos las oraciones al cielo realmente no teníamos idea cuáles eran los planes del Señor para nosotros. Pasaron nueve años mientras el Señor estuvo en silencio. Pero nunca nos sentimos angustiados, ansiosos, o vacíos por el hecho de no ser padres.  

La respuesta llegó de una manera maravillosa e incomprensible. Antes de comunicarnos con alguna agencia de adopción, se nos dio la oportunidad de adoptar a un bebé. La familia biológica buscaba un matrimonio Adventista con nuestras característica y nos conectó un amigo mutuo. Nos eligieron aún antes de entrar al proceso de adopción. Mientras orábamos y esperábamos pacientes, sin tener ninguna respuesta, nuestro buen Padre fue impresionando y guiando aquellas personas que usaría para realizar este gran milagro.

Dios contestó nuestra oración, nuestra plegaria por una familia. Como padres, nos prepararnos cada día mejor para guardarlo del mal y guiarlo a Jesús y a la vida eterna. Este milagro renovó nuestra fe en Dios al comprobar que Él nos escucha y responde siempre a nuestras oraciones. Nos enseñó a ser pacientes y esperar en Él.

Mateo es un niño dulce lleno energía. Le encanta la natación, el fútbol, andar en bicicleta, acampar con el club de Conquistadores de nuestra iglesia y todas las actividades al aire libre. Le gusta ayudar a su papá, su mayor héroe, con las tareas de la casa. También le gustan los libros, especialmente de animales e insectos. Le encanta visitar al zoológico y observa con mucha atención a los animales. Siempre aprovechamos estos momentos para enseñarle sobre la naturaleza y la creación de Dios.

Nuestra primera actividad del día es el culto familiar. Disfruta mucho de la música y desde muy pequeño aprende con facilidad los cantos que le enseñamos. Como mamá, es un desafío mantenerlo atento y reverente cuando le cuento las historias de la Biblia. Siempre buscamos ideas diferentes para llamar su atención y que le sean interesante. Es sorprendente verlo aprender cortos versículos de la lección de escuela sabática y repetir las historias que aprende cada semana. Por las noches, junto a mi esposo, nos emociona verlo contarle a su papi la historia aprendida. Terminamos el culto arrodillados en oración. Él siempre pide orar. Le enseñamos a agradecer por las bendiciones diarias y le pedimos al Señor guiar y bendecir nuestra la familia. Nos enternece mucho escucharlo repetir las oraciones con su suave vocecita.

Nos han preguntado si le contaremos a Mateo sobre su adopción, ¡y nuestra respuesta es SÍ! Mateo es un niño especial por su bella historia de adopción. Es el testimonio más hermoso que tenemos como familia. Un testimonio sumergido en el inmenso amor de Dios, el cual ayudará a Mateo a confiar siempre y vivir una vida cumpliendo Su voluntad.

Deseamos que nuestro testimonio anime a muchas personas a confiar en el gran poder de nuestro Creador. Confiar en las hermosas promesas que Él tiene para nosotros en su Palabra y saber que son reales y verdaderas. Confiar que Él las cumple y contesta las oraciones de sus hijos.

Julia, Delfino y Mateo viven en Fort Worth, Texas y son miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día Hispana de Salim. 

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